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27/04/2002 - Los Andes

"La cosecha 2002 es la mejor de la década"

Michel Rolland, uno de los principales referentes de la vitivinicultura mundial, consideró a la cosecha 2002 de nuestra provincia como una de las mejores de la década. A la luz de los resultados poco favorables en otras zonas del mundo, vislumbra una coyuntura excelente para la exportación de vinos de calidad. Y lo que es bastante novedoso, también para los envíos a granel.

-¿Cómo evalúa la presente cosecha?

-Ha sido realmente excelente, la mejor de la década. Quizás supere a la de 1994, que fue la mejor que tenía registrada hasta ahora. Seguramente, cuando en las botellas se lea cosecha 2002, ya se sabrá que se está frente a un vino argentino hecho con uvas de una calidad superlativa, siempre y cuando los cosas se hagan bien en la bodega. Es interesante ver cómo las cosas están cambiando en busca de la calidad y el esfuerzo que están haciendo los productores. Hace menos de 10 años, pocos hubieran imaginado lo que se empieza a lograr en el mejoramiento de los vinos a partir de la conducción de los viñedos. En las últimas cinco temporadas se está cosechando más tarde en la mayoría de las fincas, a pesar del temor que suele existir ante el peligro de heladas, granizo o enfermedades. Se está aprendiendo que la calidad está directamente vinculada a la madurez y al grado, y esto se logra solamente con paciencia. Pero este año las cosas se han dado tan bien que en algunas zonas, en la primera semana de marzo, ya se estaba sacando el malbec y los blancos aún antes. En general, es un año temprano; y en 10 días más toda la cosecha se habrá terminado.

-¿Cuáles son las características salientes de esta cosecha?

-Los factores climáticos han influido para que se logre lo que en definitiva importa: un buen balance. Es decir, el mejor equilibrio posible entre grado alcohólico, madurez y acidez. Esto es lo que determina que el 2002 sea un buen año. Pero hay otras cosas a tener en cuenta. El clima, por sí solo, no alcanza sin un manejo correcto de la viña. Aquellos que hicieron deshoje para mejorar la exposición solar, que ralearon racimos para lograr concentración en los granos, que recurrieron al estrés hídrico en el riego; en fin, que hicieron las cosas con cuidado desde el comienzo, tendrán el premio de llegar mucho mejor en este año. Para los que no lo hicieron, será un año más.

-¿Cómo ve el mercado internacional para la Argentina tras la devaluación del peso?

-Creo que será muy bueno, pero no hay que equivocarse: sólo los muy buenos vinos serán aceptados. Es decir, que aquel que no tenga una gran calidad, no podrá vender nada. Los mercados son cada vez más exigentes y conocen a la perfección lo que se produce en todas partes. Hasta ahora la Argentina era excesivamente cara. En muchos casos se buscaron resultados rápidos, es decir, con muy pocas botellas obtener grandes ganancias. En un mercado altamente competitivo, no se puede pretender vender fácilmente una botella en 40 dólares. Con el mercado interno restringido todos miran hacia fuera, y eso es posible, pero hay que buscar márgenes razonables, terminar con los costos locos y ganar confianza. Cuando los vinos argentinos se instalen con fuerza por su calidad y nombre, los mejores precios llegarán naturalmente.

-¿De qué manera influirá el costo de los insumos importados a valor dólar?

-Es el caso de las barricas de roble, corchos y otros insumos que ahora valen tres veces más en pesos. Estimo que tendrá que existir una compensación con otros rubros, como lo son la misma uva y la mano de obra. Pero la balanza se equilibrará fundamentalmente con el ingreso de las divisas. Es momento de hacer las cuentas bien y no equivocarse para no perder esta coyuntura.

-¿Qué pasa con las cosechas en el resto del mundo?

-Para el hemisferio Norte, la cosecha 2001 fue variable. Muy buena en España y Estados Unidos, y sólo buena en Francia e Italia. En la 2002, en el sur, las cosas son más variables. Por ejemplo, Chile tuvo un año regular y complicado. En Sudáfrica viene bien y en Australia bastante regular. Esta última situación puede ser más que interesante para aquellos que pueden exportar vinos a granel a grandes mercados cautivos de los australianos. Es para estar muy atentos.

-En los últimos tiempos, tras la incorporación de las normativas de calidad que usted impulsa, se ha notado una cierta nivelación de los vinos de alta gama. ¿Qué opina?

-Antes se descalificaba a un vino por sus defectos; ahora se lo califica por su calidad. Existe una nivelación hacia arriba, y no es malo. Algo muy bueno está por venir en la Argentina. Dentro de 3 ó 4 años, la diferencia vendrá dada por el terruño, y de allí en más las cosas cambiarán: los vinos van a expresar su personalidad y se disfrutarán las diferencias. En Francia, por ejemplo, un Petrus es totalmente distinto de otro vino que se hace con uvas que están a 150 metros, a pesar de que todos hacen las cosas bien. La tierra dará el valor. Es como dos caballos que nacen juntos, pero uno es pura sangre y el otro común. Al principio parecen iguales y hasta corren a la misma velocidad. A medida que crecen, las diferencias entre uno y otro se agrandan hasta el límite. Cada uno da lo que puede, pero por más esfuerzos que haga, poco tiempo más tarde el caballo ordinario no logrará acercarse al de carrera.

-¿Qué adelantos técnicos se imponen actualmente a las bodegas argentinas?

- Creo que se está haciendo un gran esfuerzo y vale la pena destacarlo. Ahora lo que ya se está imponiendo, aunque la gran mayoría todavía no lo implementa, es la doble cinta de selección de uva. A la tradicional -en la que se descartan racimos e impurezas- se le añade una segunda, tras el despalillado, donde manualmente se hace el control de todos los granos, desechando los que no están en condiciones. Esto suma un valor adicional de calidad.

Michel Rolland es uno de los principales artífices de los cambios introducidos en la vitivinicultura. Desde su laboratorio en Bordeaux, marcó un camino que miles de productores y bodegueros adoptaron en todo el mundo para acercarse a la calidad.

Consultor de las principales bodegas en todo el mundo, trabaja intensamente en nuestro país desde hace una década, asesorando a enólogos y participando de los cortes de los mejores vinos.

Es el principal impulsor del proyecto Clos de los Siete, importante inversión de empresarios franceses en Vista Flores, Tunuyán, donde se trabaja en la implantación de mil hectáreas de viñedos y la construcción de varias bodegas de última tecnología. La primera de ellas ya está en pleno funcionamiento.

Sus vinos del Pomerol francés son apreciados en todo el mundo. Es prologuista de la prestigiosa edición de la Enciclopedia Larousse de los Vinos y autor de innumerables trabajos científicos.