02/06/2002
- El Mundo
"O.
Fournier: hacer vino a la vez en Mendoza y Ribera del Duero"
MARC LLORENS
En Argentina se juega al truco. En Burgos, al mus. Ni uno ni
otro son para cualquiera. El avezado en el truco o en el mus
caracolea por una maraña de reglas, códigos, guiños y picardías
que ahuyentan a más de un novato. El mus no se domina jugando
en los ratos muertos; y pobre del que se las dé de tahúr en
el truco con argentinos en la mesa. Pero una vez ha aprendido
a defenderse, ¿qué jugador de cartas exigente no hace un hábito
de sus partidas? Bien pensado, a unos parientes de don Heraclio
Fournier (sí, el de los naipes) no les debió resultar difícil
cambiar palos de baraja por cepas. Ahora, de ahí a irse a cosechar
tempranillo en Mendoza y pretender hacer lo propio en Ribera
del Duero hay un buen trecho. O un buen envido...
"En Burgos decimos que hay dos estaciones: la fría y la de tren.
Bueno, pues aquí es lo mismo", comentan Natalia Ortega Gil-Fournier
y su esposo vasco José Luis Buesa desde el valle de Uco mendocino.
Allí se instalaron dos años atrás para gerenciar las novísimas
Bodegas y Viñedos O. Fournier. ¿Su meta? Para el hermano de
Natalia y presidente de las bodegas, José Manuel Ortega, nada
menos que "hacer una de las tres mejores bodegas de Argentina".
Su apuesta inicial: un inusual tempranillo con vocación de exportación,
que va por su segunda vendimia y estará a la venta a partir
de octubre.
¿Farol o coraje burgalés? Primer acto: en un hotel de Buenos
Aires, José Manuel recuerda el grito que dio en el avión en
marzo cuando leyó que Jancis Robinson citaba su tempranillo
entre los 15 vinos argentinos recomendados por el 'Financial
Times'. Afirma que en O. Fournier apuntan a "un segmento alto
que no trabaja con castas más famosas sino con las ideales en
la zona, como el tempranillo. El Valle de Uco es parecido a
la zona de Toro o Ribera del Duero, y cuando llegamos pensamos
que iba a explotar en cuanto a calidad". Ricard Raventós, de
Codorniu, les contactó con José, enólogo mendocino que trabajó
en los inicios de las bodegas Altavista, y en el 2000 compraron
tres fincas al pie de los Andes. En total suman un total de
286 hectáreas, de las cuales casi un centenar ya están plantadas.
Segundo acto: Natalia y José Luis supervisan el fin de la vendimia
a 1.100 metros de altitud, con las primeras nevadas en los Andes
de marco ideal. No es el tempranillo la uva predilecta de los
argentinos para elaborar vinos finos, ni siquiera de las más
extendidas. En la provincia de San Juan, vecina a Mendoza, sólo
una bodega se ha animado hace poco. Los Ortega Gil-Fournier
le echaron el coraje y la coherencia que exige un buen vino,
y están entusiasmados con los resultados: un tempranillo concentrado,
de color intenso, persistente en boca, altivo pese a su juventud,
con ligeras aportaciones de malbec y merlot (otra sorpresa que,
para su enólogo, "madura muy bien y tiene un color bellísimo").
El tempranillo de O. Fournier apunta maneras de tener una excelente
maduración en roble gracias al cuidado en el viñedo. Su vino
'top' tendrá 18 meses de barrica nueva cada año y 12 de botella,
contra 12 de barrica y seis de botella para su segunda marca.
Técnica y método se cuidan al detalle en la selección de uva,
despalillado, fermentación, prensado y guarda, con especial
cuidado en la elección de proveedores. La inversión total será
de ocho millones de dólares, de los que ya se desembolsaron
dos. Este año el actual emplazamiento provisional dará paso
a una bodega de última tecnología con capacidad para 600.000
litros, cava subterránea, laboratorio para microvinificaciones,
hotel y restaurante.
Los Ortega Gil-Fournier tienen bien claro que el vino no miente.
Suplen su poca experiencia con rigor, detallismo y un gran sentido
común al aplicar normas de calidad (desde la elección de uva
al manejo de viñedo), y no le atan las manos al enólogo. Todos
los implicados coinciden en que la suya es una modalidad de
trabajo seria y a largo plazo, que empieza a dar sus primeros
resultados. El día a día de trabajo en La Consulta venció las
reticencias iniciales hacia los 'gallegos', como llaman a los
españoles. Esto implicó cosas como asumir las deudas de algunos
productores, pagar al día pese al 'corralito' bancario que rige
en Argentina desde diciembre, negociar precios por hectárea
en vez de por kilo de uva y ser tomados por locos cuando hicieron
el primer raleo en verde.
Aunque su objetivo es autoabastecerse, este año la uva de los
viñedos no irá al vino, sino que se empleará el de siete fincas
cercanas con quienes trabajan de forma personalizada y con un
seguimiento continuo, para dosificar riesgos en una zona de
heladas y granizo. Los planes para el futuro son muchos, siempre
sujetos a obtener mejoras constantes: promover el intercambio
no intrusivo entre enólogos argentinos y españoles, apuntar
a los mercados español, británico, alemán y norteamericano,
cumplir con el objetivo de 500 a 600.000 litros por año y elaborar
vino en Ribera del Duero a partir de septiembre. El resto saldrá
de los pedregosos suelos del valle de Uco. Esta zona, como otras
de Mendoza, lleva una década aproximada viviendo un auge de
la inversión extranjera que la crisis actual no detuvo, a pesar
de amenazarla muy seriamente.
Como apunta José Manuel, a medida que se borre el estigma de
que Argentina es un país apestado vendrá más gente atraída por
los precios y el tremendo potencial de estas tierras, a las
que ya echaron el ojo franceses, suizos, italianos, británicos
y otros. Su trabajo en la banca obliga a José Manuel a viajar
a menudo a Argentina, y deambula entre visitas a viñateros argentinos,
'masters' de enología en Logroño y reuniones en Madrid o Italia.
Se introdujo en la vitivinicultura por olfato y convicción,
y sabe que la excelencia no llueve del cielo, sino de exigirse
el máximo en su labor. No le asusta el reto, porque "el negocio
del vino te engancha, es muy distinto a los que hay por ahí.
Aquí he metido mis ahorros, a mi hermana, mi cuñado... Cuando
hago algo me gusta hacerlo bien, y como digo, no me gusta perder
ni a las canicas". En vista del más que prometedor tempranillo
que hasta ahora salió de sus barricas, mejor no descartarse
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